Hoy he vuelto a mi ritual matutino. Me encanta saborear el café y acariciarlo con tintes de tabaco..es un placer como quedan pocos.

Otro de mis placeres cotidianos es llegar a casa y ver que mis noticias se han publicado en algún medio, me recorre una sensación de orgullo y de trabajo bien hecho que es casi indefinible.

Después..la cena y la sensación placentera de que he comido sano y que una onza de chocolate es el mejor placer que puedo llevarme a la boca después de un duro día de trabajo.

Pero..supongo que otros placeres, los de la carne, también estaría bien llevarlos a la boca, o al menos a la cama. Sin embargo, reservo fuerzas para regalar mis mejores ganas y espero, pacientemente, que mi teléfono suene y no sea yo la que provoque el encuentro.

Llegará el viernes, y con él las ganas, por no decir las llamadas. Y con ellas la desgana y el placer de decir que no a un placer en fin de semana. No me gusta planear los placeres, de hecho creo que el placer llega cuando algo te gusta y no ha sido planeado.

Hay algunos dioses que procuran placer y no me refiero a ritos de antaño, ni a fórmulas ancestrales. Más bien a placeres contemporáneos, como la palmadita en la espalda de un jefe, que tu sobrino aprenda algo que le has enseñado o que tu ex te llame. O que ese dios de la carne te considere su diosa de la carne.

Mis placeres son más bien habituales, mundanos incluso. Pero son mis placeres.